jueves, 11 de noviembre de 2021

Siempre se muere la noche (obra póstuma del escritor Leonel Campos Oregón)

Por: Librado Godoy Sánchez

Siempre se muere la noche, es el nombre del nuevo libro póstumo del escritor lazarocardenense Leonel Campos Oregón,  compilado, editado y promovido por el Mtro. Xavier Campos Oregón. Al pronunciar estos nombres uno asocia inmediatamente el patronímico con una de las familias más reconocidas entre las pioneras de Los Llanitos y del antiguo poblado de Melchor Ocampo del Balsas, hoy Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Siempre se muere la noche, como acertadamente lo indica en el prólogo el Mtro. Xavier Campos, es una obra poética y autobiográfica, si se me permite la precisión, de Leonel Campos, en la que uno puede adentrarse en las profundidades del pensamiento de quien supo construirse una personalidad propia, sin perder su identidad, su esencia de hombre pueblerino, a pesar de haberse radicado -buena parte de su vida- en Italia, Francia, España y otros países de la Europa de los años ochenta del pasado siglo.

Siempre se muere la noche está divido en cinco partes, la primera incluye Testimonios de personas que conocieron y trataron a Leonel Campos Oregón en distintas etapas de su vida, desde niño, pasando por su adolescencia, hasta llegar a su juventud-madurez, truncada en 1989 por un fatal accidente cuando apenas comenzaba su ejercicio profesional como Doctor en Economía. 

En esta sección, Xavier Campos, recuerda que el poeta preferido de Leonel fue Pablo Neruda, de quien recitaba: “y cuando venga la tristeza que odio a golpear a tu puerta, dile que yo te espero y cuando la soledad quiera que cambies la sortija en que está mi nombre escrito, dile a la soledad que hable conmigo, que yo debí marcharme porque soy un soldado…”

El testimonio de Christiane Loupy, de Martinica, detalla que Leonel Campos Oregón estudió en el Instituto de Estudios del Desarrollo Económico y Social de la Universidad de París, en 1978. “Estábamos haciendo el Diplomado de Estudios Avanzados, que era el primer año del doctorado”, dijo.

Pero, el más desgarrador testimonio es la colaboración que para este libro escribió la Dra. Lourdes Aceves Reyes, a quien Leonel consideró siempre como su amor imposible. Lourdes dice que Leonel “fue muy auténtico en sus poesías; es y será siempre el gran pretendiente… que sólo entendiendo a Vincent Van Gogh lo iba a entender a él, me dijo un día”.

La segunda, llamada Intentos, reúne una prolongada sesión poética, en la que Leonel vuelca todo su sentir, sus vivencias, sus angustias, temores, amores y esperanzas. En Siempre se muere la noche, citando a Wolfang Goethe, en el Fausto, que sentenciaba: “Todo lo que existe merece perecer”, Leonel presiente un destino cuya realidad no deja escapar nada ni a nadie, pero que al mismo tiempo rechazaba mediante “trazas de un pensamiento espiral que se consume lentamente… y que avanza para no retroceder”. 

Siempre se muere la noche, del fallecido Leonel Campos Oregón,  ha sido compilado, editado y promovido por el Mtro. Xavier Campos Oregón como lo hemos dicho antes.  Dice Xavier que, durante la estancia que compartió con él en Europa, nunca vio a Leonel leer a poetas franceses, pues sus lecturas se enfocaban al ámbito económico y social de sus estudios de doctorado. Pero sí observó su interés en los cantantes franceses. “Me acuerdo de Jacques Brel; Nana Mouskouri, Charles Aznavour, entre otros”, escribe Xavier. 

Aznavour, en realidad, era armenio, y una de sus icónicas canciones: Y, por tanto, le va bien a Siempre se muere la noche: Yo sé muy bien, que un día yo… despertaré/y para mí, el sol no brillará/El amor que te di, no será ya tu amor, por mi bien, por mi bien/Y sin dolor, ni llanto, yo me alejaré, derecho iré, sin ganas de volver/ Sin mirar para atrás, yo quisiera borrar, tu mirar, tu besar y tu voz, mi amor/Y, por tanto, yo no te dejaré de amar, y por tanto, yo no te dejaré de amar…

Del poema número 7, de Intentos, Leonel Campos Oregón nos regala su:

Siempre se muere la noche

¿Cuántos pasos puede dar un muerto?

Todos. Todo se mueve en el éter.

¿Cuánto llorará el misterio?

Y la energía ¿cuándo acaba?

Siempre se muere la noche

y nunca habrás de enterrarla.

Aquí en mi triste cabaña

siempre hay olvido presente

y olor a tierra mojada;

olor a esperanza muerta,

olor a estrella apagada.


Leonel participó en la huelga universitaria de 1968, en Chapingo, distinguiéndose por su combatividad y claridad de pensamiento, al grado que cuando desempeñaba una comisión del movimiento fue aprehendido y llevado entre los presos políticos del Palacio Negro de Lecumberri (hoy, Archivo General de la Nación).

Por eso, en Revolución, Leonel Campos muestra su espíritu libertario al dedicar un poema a Vietnam; a Salvador Allende, donde pide a Dios pintar cruces en la frente de sus asesinos; a la revoluciones cubana y chilena, a quienes solicita mantener una Revolución Permanente.

No olvida la masacre de Tlatelolco, en lo que denominó Triple afrenta, en referencia a las tres culturas avasalladas por los fusiles del autoritarismo diazordacista-echeverrista, en reclamo patriótico de los caminos que se pierden en la noche del indio, en las manos campesinas que levantan los huesos destrozados en masacres de estudiantes, campesinos y obreros, que viven entre el terror y la esperanza. 

En Imágenes Deformadas, Leonel Campos, aunque no lo dice, señala cuánticamente el movimiento de los intersticios moleculares que conforman la totalidad del universo y su necesidad imperiosa de escribir, aceptando claramente que su poesía, su pensamiento, está fuertemente influenciada por la teoría del conocimiento, de la observación que el sujeto hace del objeto y de los distintos resultados que surgen según el punto de observación adoptado.

Leonel no estaba muy de acuerdo con la visión estructuralista del mundo; se aproximaba más bien a un existencialismo que lo conducía directamente a la libertad de pensamiento y a un significado de la vida identificado con el dasein o sosein heideggeriano, el ser ahí, ser en el mundo; el estar ahí. Tal vez, pudo haber sido influenciado por Soren Kierkegard o por Albert Camus, con el existencialismo “absurdista” de éste, en contraposición con el existencialismo sartreano, que lo llevaron a afirmar que la “realidad es aberrante y absurda”, que aparece en el momento mismo de nacer, por la capacidad asombrosamente destructiva que posee el ser humano y que, “minuto a minuto, nos desgarra la cara, las manos y el vientre”.

Leonel emite una sentencia profética de su propia persona al escribir: “He aprendido -hace tiempo- que estoy y soy y voy a continuar solo, porque así es. He aprendido que todo esto que me constituye y todo esto que me rodea, esta manera individual y colectiva que rueda y rueda, me produce, me reconstruye y me destruye -como los pedazos de ese rompecabezas que nunca podré armar”.

Imágenes deformadas es la parte filosófica más profunda y enigmática del pensamiento de Leonel Campos. Vale la pena intentar, como lo hizo Leonel, un ejercicio particular de nuestra propia construcción humana, de imbuirnos de sus vivencias, como si nosotros mismos fuésemos estudiantes infantes de la costa michoacana, nicolaítas morelianos, chapingueros, becarios en Italia o en Francia, eslabones de una jettatura paterna, dura y estricta, que se extinguió en los años ochenta con el avance de la educación y la apertura hacia nuevas realidades.

En Cartas, la última parte del libro de Leonel Campos, describo mi impresión: ¡Qué grandioso libro, Siempre se muere la noche! Escribí en mensaje-whats a Xavier Campos, una hora después que fuera hasta mi casa, un atardecer del 18 de octubre de 2021, a obsequiarme el libro de su hermano Leonel. “Las cartas -le dije- son un trancazo espiritual que me hizo despertar súbitamente hacia un mundo nuevo. Leonel Campos Oregón es un faro de luz que nunca se extinguirá. Leí las primeras cartas, las más humanas y extraordinarias cartas de amor al prójimo que haya leído, en mi ya larga existencia; amor limpio, abierto, franco y sin dobleces. Hoy, hace rato, comprendí de golpe, con lágrimas y nostalgia, el valor de la hermandad y de la amistad, de la palabra, como verbo-pensamiento constructor de milagros”. 

-o0o-

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.