INDICADOR Del PUERTO
Por René Chávez** La lección de las jornadas de limpieza urbana.
Lázaro Cárdenas, Mich., diciembre 3, 2021.- A unas semanas de iniciar un año nuevo con la inocultable esperanza colectiva de que nos vaya bien y que logremos avanzar en construir y heredar a nuestras familias un sitio mejor para vivir, conviene examinar algunos acontecimientos de la vida comunitaria que nos habrían dejado importantes lecciones.
Esas cruzadas de limpieza urbana emprendidas por los distintos gobiernos municipales despertaron en su inicio un entusiasmo hasta cierto punto tan ingenuo como pasajero, luego del rápido agotamiento de las mismas y de la falta de solidaria respuesta de la comunidad traducidos en pobres resultados.
Sería largo enumerar lo que cada administración intentó en este rubro a lo largo de su paso por el gobierno local; intentos la mayoría llenos de determinación, esperanzas e ingenio, eso sí. Pero al paso de cada cruzada, pronto se vio el debilitamiento de cada una por tres distintas razones esencialmente: enojo y rechazo vecinal por la aplicación estricta del Reglamento de Limpia, el que en algunos casos incluyó multas y hasta detenciones; falta de respuesta y compromiso comunitario, y agotamiento del equipo móvil y humano del Departamento de Aseo Público.
Podría decirse que las distintas administraciones municipales bien pudieron haber sido respaldadas por las grandes empresas de la localidad y otras organizaciones que disponen de recursos, como los sindicatos, para haber creado una sinergia a favor de la salud pública y la imagen urbana a través de intensas y permanentes campañas de concientización, entre otros apoyos que tal vez hubiesen estimulado a los gobiernos locales a seguir adelante y poner el cimiento de una cultura en este sentido.
Desafortunadamente nunca fue así o si en alguna ocasión ocurrió, debió de haber sido algo que no dejó un registro sostenible. Y es que esas jornadas de limpieza urbana se enfrentaban, según creemos, a un desafío ciertamente mayor y los recursos empleados por los gobiernos municipales no podían durar demasiado sin un apoyo extraordinario, como el de la respuesta solidaria del comercio y la población misma.
Aquí vale la pena mencionar que mucho se ha censurado a los gobiernos de Lázaro Cárdenas por un supuesto o real exceso de personal operativo, pero poco se ha hablado de cuál debería ser la proporción de éste con la fuerte y creciente demanda de servicios municipales y la actividad de una ciudad portuaria, que no es comparable con la relativa quietud de ciudades más provincianas.
Así que tantas veces como iniciaron estas jornadas de limpieza razonablemente prolongadas, igualmente cedieron ante esa ausencia de apoyo y de conciencia ciudadana, pero también ante la persistencia de segmentos de la población en ignorar el reglamento y a quienes jamás les importaron realmente los objetivos de salud pública, mejoramiento de la imagen urbana y elevación de la calidad de vida comunitaria.
Sin embargo, la lección es por demás interesante. Ella ha enseñado que la decisión de las autoridades municipales no es suficiente, pues aparte de la determinación oficial deben sumarse otros recursos y voluntades con calidad de permanentes, así como la aplicación del o los reglamentos relacionados sin excepciones y hasta sus últimas consecuencias; el diseño de un profundo programa de inducción a la cultura del caso; la participación comprometida de los sectores organizados, económico-productivos-académicos y los medios de comunicación, en un tiempo en que no faltan quienes creen que vale muy poco.
Es decir que tal vez sea tiempo de pensar nuevamente en emprender una tarea de esta naturaleza, pero con el bagaje de una lección valorada y donde confluyan todos aquellos que han adoptado el compromiso de la transformación. Ya se verá quienes están dispuestos a contribuir y quienes simplemente mostrarán su absoluta indiferencia y falta de apego a una comunidad que prefieren ignorar.
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